La menopausia es una de las etapas más sufridas por las mujeres, tanto que, de antemano se teme que llegue. Al respecto, Sandra Moñino, nutricionista y especialista en esta etapa reproductiva, sostiene que esta naturalización del sufrimiento es el problema, dado que se puede transformar la manera en cómo se transita la menopausia.
"Creo que lo que peor se ha contado es que todo esto es normal y ya está. Se ha transmitido la idea de que hay que aguantar, que es cuestión de suerte o genética y que poco se puede hacer, y eso no es verdad", indicó Moñino en una entrevista con As, quien sumó: "Para mí, transformar esta etapa es pasar de sufrirla a entenderla y acompañarla. Esto no significa que vayamos a dejar de tener síntomas, sino saber lo que está pasando en tu cuerpo y tener herramientas para mejorar cómo te sientes".
En este sentido, la especialista habló sobre cómo se tiende a normalizar síntomas: "En cuanto se vuelve constante y recurrente hay que prestarle atención. Si una mala noche es puntual no pasa nada, pero si duermes mal varias semanas, estás irritable a diario o sientes que no te reconoces, ahí ya hay que actuar. Cuanto antes lo hagas, más fácil será solucionarlo".
El problema de los sofocos y su naturalización
El problema por excelencia durante la menopausia son los sofocos, y en sintonía con la no naturalización del sufrimiento durante esta etapa, Sandra Moñino explicó: "El error más común es intentar taparlos sin entender el origen. No se fijan en si hay inflamación, en el estrés, en la salud del hígado o en la alimentación. Los sofocos son una señal de que hay un desajuste y, si no trabajas en ello, seguirán ahí".
Cuál puede ser el origen de los sofocos durante la menopausia
Los sofocos durante la menopausia son uno de los síntomas más comunes y tienen su origen principalmente en cambios hormonales que afectan el sistema de regulación de la temperatura corporal.
En esta etapa, el cuerpo reduce progresivamente la producción de estrógenos, especialmente la hormona conocida como estrógeno. Esta disminución impacta directamente en el funcionamiento del hipotálamo, una zona del cerebro encargada de regular la temperatura corporal. Al alterarse ese “termostato interno”, el organismo puede interpretar erróneamente que está sobrecalentado, aunque no lo esté, y responde generando calor, sudoración y enrojecimiento repentino.
Además, intervienen otros factores. Por un lado, hay cambios en neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina, que también influyen en la regulación térmica. Por otro, el sistema vascular se vuelve más sensible, lo que provoca una rápida dilatación de los vasos sanguíneos (vasodilatación), generando esa sensación súbita de calor que suele comenzar en el pecho y subir hacia el rostro.
Por último, factores como el estrés, el consumo de alcohol o cafeína, ambientes calurosos, comidas picantes e incluso cambios emocionales, afectan de forma directa y aumentan los sofocos durante la menopausia.
