Récord histórico de consumo de empanadas: la salvación de los trabajadores para comer barato en medio de la crisis

El fuerte consumo de empanadas convive con un contexto social que arde: trabajadores que eligen comida rápida a bajo costo por no poder solventar otro tipo de almuerzos o cenas. Una nueva postal de la crisis económica que Milei y Caputo niegan.

07 de abril, 2026 | 17.53

De carne suave, de jamón y queso, de pollo. Están en todos lados, en las clásicas pizzerías, pero también en el boom de época: las franquicias que se instalan en los centros urbanos para vender empanadas baratas. En tiempos de salarios que van por el tobogán, explotó el negocio que alimenta, especialmente, a los trabajadores que ya no pueden solventar otro tipo de almuerzos o cenas de mayor calidad nutricional.

Según datos de la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (APYCE), en el país se consumen cerca de 10 millones de empanadas por día. Lejos de tratarse de una estimación exagerada, la cifra surge de un relevamiento del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca basado en la comercialización de tapas a nivel industrial. El estudio indica que cada argentino utiliza en promedio unas 50 tapas al año. Si a esto se suma la producción casera y la elaboración propia de pizzerías y casas de empanadas, el volumen total alcanza dimensiones aún mayores.

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El fenómeno trasciende lo cultural: la empanada se ubica entre los alimentos más elegidos del país. Según APYCE, ocupa el tercer lugar en el ranking general de consumo, mientras que plataformas de delivery la posicionan como el segundo plato más pedido, solo detrás de la pizza.

En cuanto a las preferencias, el ranking muestra elecciones claras entre los consumidores. Las empanadas de carne suave lideran con el 20% de las preferencias, seguidas muy de cerca por las de jamón y queso, con el 19%. En tercer lugar aparecen las de pollo, con un 11%, mientras que las de carne cortada a cuchillo alcanzan el 10%. Más atrás se ubican las de humita (7%) y verduras (6%). Con un 5% cada una figuran las variedades de roquefort con jamón, carne picante y caprese. Por último, las opciones de cebolla, calabaza y cheeseburger concentran el 4% de las elecciones.

Consumo en alza, pero con trasfondo drástico

El crecimiento del consumo también impulsó cambios en la producción. Actualmente, existen plantas industriales capaces de elaborar entre 80.000 y 120.000 empanadas por día, gracias a la incorporación de tecnología específica como amasadoras, laminadoras, cortadoras y sistemas automáticos de armado.

Desde el sector advierten que las cifras disponibles incluso podrían haber quedado desactualizadas. La expansión de franquicias, el aumento de la producción industrial y la apertura de nuevos locales hacen suponer que el consumo actual es incluso mayor, marcando un nuevo récord. A esto se suma la proliferación de cadenas que ofrecen empanadas a precios extremadamente baratos —en algunos casos entre $ 1.000 y $ 1.200— y que continúan expandiéndose rápidamente en distintos puntos del país.

"Las franquicias de empanadas son un boom y cada vez con más sucursales impuestas por cada marca. Es realmente impresionante", describió una fuente cercana al sector.  El fuerte consumo de empanadas convive con un contexto social más complejo. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) había advertido sobre el avance de la inseguridad alimentaria incluso entre trabajadores formales.

Según el estudio, solo el 16,5% de los asalariados no presenta privaciones alimentarias, mientras que el 83,5% enfrenta algún grado de vulnerabilidad. Este escenario refleja el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de inflación sostenida.

Menos calidad y ajuste en la alimentación

La pérdida de ingresos impacta directamente en los hábitos alimentarios. Muchos trabajadores optan por reducir porciones o reemplazar alimentos de mayor calidad nutricional por alternativas más económicas. Los locales de empanadas, celebran.

De hecho, el 78,5% reconoció haber cambiado comidas nutritivas por opciones más baratas. Dentro de ese grupo, un 24,6% señala que esta práctica ya se volvió habitual, consolidando un patrón alimentario de menor calidad.

El encarecimiento de las comidas fuera del hogar agrava el problema, transformando la alimentación cotidiana en un gasto difícil de sostener. En este contexto, comer durante la jornada laboral pasa a ser un “costo operativo” que impacta directamente en el salario real.

El informe también evidencia diferencias marcadas según el nivel de ingresos. Entre quienes perciben hasta $ 800.000 mensuales, el 41,8% considera que su alimentación es poco saludable. En cambio, en los sectores con ingresos superiores a $ 2.000.000, esa proporción se reduce al 23,8%.

Casi metafóricamente, luego de los incidentes registrados en las inmediaciones del Congreso tras una sesión de Diputados del 2024 —en la que se había confirmado el veto presidencial a la ley de financiamiento universitario—, el presidente Javier Milei visitó el comercio que brindó resguardo a un militante libertario que había sido agredido durante la manifestación.

Se trataba de Brozziano, una cadena de empanadas con presencia en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Una de sus sucursales, ubicada en el centro porteño, fue el lugar donde el influencer Franco Antúnez, conocido en redes como Fran Fijap, encontró refugio cuando era perseguido por manifestantes que protestaban contra el resultado de la votación en la Cámara de Diputados.

En señal de agradecimiento por la actitud del personal, Milei se acercó al local para reconocer la asistencia brindada al joven durante los episodios de tensión. Dos años después, son este tipo de negocios los que resguardan la alimentación de los trabajadores con salarios cada vez más deteriorados.