El puente ferroviario de Yahya Abad, situado en la ciudad de Kashan, se convirtió en uno de los focos principales de una ofensiva militar israelí contra la infraestructura logística de Irán. Este ataque específico en el centro de la provincia de Isfahán dejó un saldo de al menos dos muertos y tres heridos, según confirmó a la agencia oficial IRNA el funcionario de seguridad Akbar Salehi. La destrucción de esta vía expone la extrema vulnerabilidad de un nodo estratégico vital para la conexión del país y, en una novedad desde la intensificación del conflicto, afecta de forma directa al comercio chino.
La operación formó parte de un ataque coordinado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra ocho tramos de puentes en distintos puntos del territorio iraní. A través de un comunicado oficial, el ejército justificó la acción al acusar al régimen de Teherán de usar estas estructuras para el traslado de armamento y equipamiento militar. Las autoridades militares israelíes aseguraron que tomaron precauciones previas, como avisos de evacuación y uso de armas de precisión, con el objetivo de minimizar los daños a civiles.
Aunque el golpe en Kashan tuvo consecuencias fatales directas, la ola de ataques paralizó también otras arterias vitales. En Qom, proyectiles enemigos impactaron un puente clave y afectaron gravemente el tránsito hacia la capital. En paralelo, un bombardeo en el norte del país bloqueó una autopista crucial para el comercio a 90 kilómetros de Tabriz. Frente a esta situación de máxima alerta, regiones como Mashhad debieron cancelar por completo el servicio de trenes por precaución, mientras Israel advirtió que continuará su campaña militar contra cualquier ruta que facilite operaciones hostiles.
El impacto sobre el comercio chino
La destrucción del puente ferroviario Yahya Abad en Kashan no representa únicamente un nuevo ataque de Israel contra Irán, sino que conforma un impacto directo contra el comercio de China. En la arquitectura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (la Nueva Ruta de la Seda), China no opera como dueña directa de la infraestructura, sino como prestamista y contratista. Los 2.800 millones de dólares que cuesta el tren de alta velocidad Teherán-Qom-Isfahán están respaldados por líneas de crédito soberano del Export-Import Bank of China (EXIM Bank). A su vez, la ejecución técnica recae sobre la corporación estatal China Railway Engineering Corporation (CREC).
Sin embargo, la pérdida más grave para China trasciende la infraestructura ferroviaria. El gobierno de Xi Jinping inyecta miles de millones de dólares en Medio Oriente para garantizar corredores terrestres seguros para sus propios productos. La red de carga Xinjiang-Irán se diseñó específicamente para eludir los cuellos de botella marítimos controlados por Occidente o vulnerables a conflictos armados, como el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz.
Al inutilizar el nodo logístico de Kashan, la ofensiva israelí cortó la arteria terrestre principal que conecta la producción china con los puertos del Golfo Pérsico. Este acto neutraliza la operatividad inmediata del trayecto y frustra el propósito fundacional de la Nueva Ruta de la Seda: asegurar el flujo comercial ininterrumpido en caso de bloqueos navales.
La infraestructura atacada integra una red que China e Irán lograron reactivar hace poco tiempo. El año pasado, ambas naciones celebraron la llegada del primer tren de carga desde la ciudad china de Xian hasta el puerto seco de Aprin, en las afueras de Teherán. Este convoy recorrió más de 8.000 kilómetros e inauguró un trayecto que acorta los tiempos a la mitad: la mercadería demora apenas 15 días hasta su destino, mientras que la vía marítima tradicional toma un mes entero.
