Desarticularon el Programa de Cardiopatías Congénitas, clave para miles de bebés

Creado hace 15 años, coordinaba la atención de chiquitos con estos cuadros derivándolos a centros de diversa complejidad. Lo integraban siete médicos superespecializados. El repudio de los profesionales es generalizado.

03 de enero, 2026 | 00.05

Aunque estaba de vacaciones, el primer día del año el doctor Willy Conejeros Parodi, cirujano cardiovascular pediátrico que desde hace 15 años formaba parte del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC), ingresó en el sistema de información sanitaria como lo hacía todos los días, vio que había un chiquito grave esperando su derivación y se puso en contacto con el personal administrativo para que se comunicaran con el cardiólogo de guardia y se ocuparan del caso a la brevedad. Lo que no sabía Conejeros (se enteró un par de horas más tarde) es que ni él ni los otros seis colegas que coordinaban este programa (uno por día, los 365 días del año) ya no lo integraban.  

Tres de ellos (además de Conejeros, Paula Campana, Carlos Fernando Rosental, Silvina Rosellot, Mariana Fernández, Tomas Schwaller y María Eugenia Olivetti) fueron informados verbalmente o recibieron un escueto mensaje: “Por medio de la presente, se le comunica que con motivo de la renovación de los contratos del personal destinado a la prestación de servicios en cumplimiento del artículo 9° de la Ley Marco de Regulación de Empleo Público Nacional N° 25.164, usted NO se encuentra contemplado en el proyecto de acto administrativo de renovación para el período 2026”. El resto decidieron darse por despedidos.

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La desvinculación de profesionales superespecializados y la desarticulación del equipo técnico que era la columna vertebral del programa provocó una conmoción en la comunidad médica. A la pediatra Ana Speranza, que lo creó en la Dirección de Salud Perinatal y Adolescencia del Ministerio de Salud de la Nación, donde trabajó durante 10 años, esta decisión le resulta imposible de concebir: “Es el programa que mejor funciona en el país para resolver la patología cardiológica infantil, sea intraútero o después de que el bebé nace, no se entiende”, lamenta.

En cuanto se conoció la noticia, la Asociación Argentina de Salud Pública difundió un comunicado en el que manifiesta su preocupación e insta a las autoridades nacionales a revertir la decisión.

Y desde las redes sociales, el médico y diputado Pablo Yedlin advirtió: “El programa nacional de cardiopatías congénitas creado en 2008 y con ley desde 2023, permite que los más 4000 bebés que nacen con ellas (50% requieren cirugía) en cualquier lugar lleguen al centro de complejidad que necesitan. Desmantelarlo es ilegal y otro error del Ministerio de Salud de la Nación”.

“El PNCC surgió por iniciativa de [el eminente cirujano cardiovascular pediátrico] Guillermo Kreutzer y [el jefe de la Unidad Cardiovascular del Hospital Garrahan] Horacio Capelli alrededor de 2008 –cuenta Conejeros–. Básicamente, lo que se hizo fue buscar una forma de financiación para solucionar la demanda de las cardiopatías congénitas y crear una red de centros de diferentes complejidades para poder asistir a los pacientes, y disminuir la espera y la morbimortalidad infantil. Estos cuadros son la tercera causa de muerte en el país; un número reducible, ya que hoy tenemos una sobrevida de alrededor del 95%, lo mismo que en lugares del Primer Mundo”. 

Con 15 centros categorizados de acuerdo con sus diferentes complejidades, lo que hacían los siete coordinadores era recibir los casos desde cualquier provincia a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SIISA) verificar su gravedad y buscar el más adecuado para su atención: “Si el chico estaba en Salta y era de baja complejidad, se quedaba en la provincia, si era de mayor complejidad se le buscaba algo en Córdoba o en Tucumán, y si no, se lo traía a Buenos Aires donde funcionan los cinco centros de alta complejidad (dos en Capital Federal y tres en la Provincia de Buenos Aires) –destaca Conejeros–. En estos 15 años logramos que hubiera cardiólogos referentes en cardiopatías congénitas en todas las provincias, se los instruía, se les pedía que mandaran las imágenes, se los orientaba para estabilizar al paciente…”

Cuando se trata de estos cuadros, con frecuencia si no se interviene en las primeras horas de vida, los chicos pueden morir. “Esto en el Primer Mundo no ocurre porque hay diagnóstico prenatal, pero en nuestro vasto país hay provincias en las que se carece de este recurso –explica Conejeros–, ahí es cuando interveníamos nosotros y ayudábamos para que ese paciente se estabilizara, y se derivara en la mejor condición y lo más rápido posible”. 

Realizaban alrededor de 800 procedimientos quirúrgicos por año y recibían más de 6.000 notificaciones en el mismo lapso. Además, a lo largo del tiempo, sumaron atención a embarazadas y diagnóstico de cardiopatías fetales. En 2023 se sancionó la Ley Integral de Atención del Paciente Cardiópata, todavía sin reglamentar, que les asegura atención más allá de los 18 años.

Ahora, decidieron vaciarlo. Solo quedan los seis empleados administrativos y uno de los directores del Hospital Garrahan como asesor. “Ningunearon a los cardiólogos diciéndoles que fueran el lunes que viene al ministerio, porque había trabajo de telefonista”, se asombra Conejeros.

“Funcionábamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año –subraya–. Y, con dos o tres especialidades, no íbamos precisamente por el sueldo, que no superaba el millón de pesos, sino porque nos interesaba ayudar a los chicos. Lo peor de todo es que los que más se perjudican no son los pacientes del Garrahan, del Gutiérrez ni de la Casa Cuna, ni del Hospital El Cruce o el Sor Ludovica, son los que no tienen acceso a una atención adecuada porque a veces en el lugar en el que viven no hay tanto volumen de casos. Nosotros no dejamos de funcionar ni siquiera durante la pandemia”.

El CNCC llevó la lista de espera para cirugía a cero, avanzó muchísimo en diagnóstico prenatal, ayudó a equipar a todos los centros de referencia con bombas de circulación extracorpórea, instrumental para quirófano, equipos de hemodinamia para hacer cateterismo. Fue un programa modelo en la región.

"Nació con un objetivo claro y noble: mejorar la atención de los niños –escribe la doctora Alejandra Villa, su primera coordinadora, en una carta abierta–. A lo largo del tiempo se consolidó una verdadera red nacional, federal, basada en protocolos de atención y derivación, criterios quirúrgicos y una organización económica que permitió equidad y acceso. No fue improvisación: fue planificación, trabajo y compromiso. Gracias a este modelo se redujo la mortalidad infantil, se ordenó el sistema, se fortaleció el trabajo en red y se formaron recursos humanos en cardiología, cirugía cardiovascular, enfermería y diagnóstico. Los resultados fueron contundentes y sostenidos en el tiempo. Tanto así, que se transformó en un modelo para otros países y fue presentado como ejemplo por organismos internacionales como el BID. Pero por sobre todos los logros técnicos y estadísticos, el mayor éxito fue humano: niños que sobrevivieron, crecieron y hoy están integrados plenamente a la sociedad (...) El esfuerzo realizado ha sido enorme. Cardiólogos, cirujanos y equipos de salud trabajaron incansablemente para garantizar una atención justa y de calidad, acompañados por grandes maestros que guiaron y sostuvieron este proceso (...) No se trata de estructuras ni de cargos: se trata de personas, de familias y de un modelo que demostró que cuando el Estado y los equipos de salud trabajan en red, los resultados salvan vidas".