La compra de divisas que realizó este viernes el Banco Central por 457 millones se convirtió en el récord de la administración de Javier Milei e ingresó entre los cinco primeros de la serie histórica, favorecido por la combinación de la oferta extraordinaria por la liquidación proveniente de la cosecha gruesa con una caída importante de la demanda de importadores generada por la recesión económica.
El BCRA registra el mejor cuatrimestre para compras de divisas desde 2003, con la excepción del 2024 cuando aplicó un súper cepo, aunque el impacto sobre las reservas internacionales tiene un impacto limitado a la mitad de las compras.
En ese contexto favorable, igual la salida de divisas para atesoramiento se mantiene elevada, aunque este viernes la operación de “canje” para la dolarización a través de la compra y venta de bonos que permite la salida de capitales fue uno de los menores de las últimas semanas por la vigencia del nuevo cepo que aplicó desde este viernes el BCRA.
Este cepo elevó hoy el rendimiento del “canje” de un promedio de 3% con el que venía operando a 4,5% este viernes, que se obtiene al comprar bonos en la versión CCL (se necesita una cuenta en el exterior) y venderlos en la versión MEP en el mercado local, una operación que según el BCRA se estaba utilizando para pagar deudas e importaciones y girar utilidades y dividendos por afuera del mercado oficial.
Ingreso de dólares récord
El Central acumula compras de divisas por 1.039 millones en abril y acumula en el año 5.422 millones de dólares. Solo en 2024, cuando asumió la administración de Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente de BCRA, Santiago Bausili, aplicaron un súper cepo que postergó todo pago de importaciones y limitó a un mínimo las ventas en el mercado oficial, compró más divisas en el mismo período, por 11.857 millones de dólares.
El mercado esperaba compras promedios diarias por encima de los 250 millones de dólares para considerar que había un proceso genuino de acumulación de divisas en las reservas internacionales del Banco Central y no compras a cuenta de las necesidades de financiamiento del Tesoro.
Desde que comenzó este año el proceso de acumulación de divisas con la meta de comprar 17.000 millones de dólares, solo en dos ocasiones había adquirido más de 200 millones en una sola jornada: el 30 de marzo (208 millones) y el 11 de febrero (214 millones).
El récord histórico es del 20 de diciembre de 2016, durante la administración de Mauricio Macri, con Alfonso Prat-Gay en el ministerio de Economía y Federico Sturzenegger en el BCRA, cuando compró 700 millones de dólares; la segunda fue el 28 de abril de 2015 por 642 millones de dólares y el podio se completó el 29 de junio de 2022, por 582 millones de dólares.
La compra de este viernes, por 457 millones de dólares, se convirtió en la cuarta más importante de la serie histórica que arranca en 2003 y el quinto lugar fue el 29 de diciembre de 2022, con 540 millones de dólares. “El frente cambiario ofrece una imagen de solidez difícil de cuestionar en la superficie: el BCRA acumula compras por más de 5.000 millones de dólares en el año, las reservas retoman una senda creciente y el tipo de cambio se mantiene estable en torno a los $1.400, en un contexto de cosecha récord, mejores términos de intercambio por el impulso de Vaca Muerta y una minería en expansión, junto con importaciones en retroceso”, describió el contexto la consultora Vectorial.
Problemas detrás de las compras
Pero advirtió que “bajo esa apariencia ordenada persisten tensiones relevantes: la salida de divisas para atesoramiento se mantiene elevada —proyectando niveles cercanos a los 30.000 millones de dólares anuales— y refleja dudas del mercado frente a un exigente perfil de vencimientos en moneda extranjera y un Riesgo País que continúa limitando el acceso al financiamiento”.
Al mismo tiempo, “la economía real no logra consolidar una recuperación homogénea y el intento oficial de reactivar vía crédito enfrenta restricciones estructurales: hogares ya endeudados, empleo formal en caída y baja demanda interna, lo que pone en cuestión la efectividad de una eventual expansión monetaria y, alternativamente, anticipa mayores niveles de mora si se prioriza la desinflación”, señaló.
El análisis de la consultora destacó que "a ese cuadro se suma un frente fiscal cada vez más exigido, con una recaudación que acumula ocho meses consecutivos de caída real, un deterioro generalizado en los principales tributos y una presión creciente sobre las provincias, que enfrentan menores recursos en simultáneo con mayores demandas de gasto”. Y concluye que “el adelanto de coparticipación a distritos subnacionales emerge como un síntoma de una tensión fiscal más profunda, configurando un escenario donde la estabilidad cambiaria convive con fragilidades financieras, productivas y fiscales que condicionan la sostenibilidad del programa económico”.
La consultora Epyca advirtió que la acumulación de reservas “convive con una creciente apreciación cambiaria, que reintroduce riesgos que el gobierno de Milei ya vio concretarse el año pasado. El tipo de cambio real se ubica en niveles similares a los previos a las tensiones de 2025, sin que se hayan resuelto las fragilidades estructurales que las originaron”.
“La estrategia oficial (basada en esterilización monetaria, tasas reales positivas y control de la liquidez) evidencia que el esquema sigue dependiendo de anclas frágiles, incluyendo el ajuste sobre los ingresos reales de familias y empresas”, resaltó.
El presidente Milei, en una intervención hace unas semanas en el Argentina Week en Nueva York, advirtió públicamente a Bausili que las compras no podían hacerse contra emisión monetaria, por lo que para cumplir con ese pedido, la Secretaría de Finanzas viene absorbiendo pesos en la licitación de deuda del Tesoro.
Los más de mil millones que compró el BCRA este mes implican una emisión monetaria superior a 1,5 billón de pesos, por lo que se espera que en la próxima licitación de deuda el Tesoro salga a captar esos pesos en lugar de permitir que sirvan para estabilizar la demanda de liquidez del sistema y generen un acomodamiento de las tasas de interés, especialmente de los créditos para consumo y producción.
