El acuerdo Mercosur-UE amenaza con profundizar la división entre agro e industria

Los industriales advierten que el tratado puede ser perjudicial para el sector si no se ejecuta bajo el marco adecuado.

12 de enero, 2026 | 00.05

El Gobierno salió a festejar que, tras 25 años de negociaciones, la Unión Europea finalmente ratificase el acuerdo con el Mercosur gracias a la decisión de la mayoría de los países de ese bloque. Pero el problema puede ser doméstico. Aunque el establishment salió en conjunto a bancar el tratado, los festejos del campo contrastan con las advertencias que la industria realiza por lo bajo, producto de riesgos concretos que este sector avizora en caso de que lo firmado finalmente se ponga en marcha.

Públicamente, el círculo rojo no tiene demasiado margen para cuestionar el acuerdo y sus implicancias si quiere sostener su apoyo político al Gobierno, tras el triunfo electoral de La Libertad Avanza y cuando Javier Milei impulsa las reformas laboral y tributaria.

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En ese marco, el G6, que reúne a ADEBA (bancos), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, CAC (comercio), CAMARCO (construcción), Sociedad Rural (agro) y UIA (industria), emitió un comunicado en el que destacó "su satisfacción por la aprobación, por parte de la Unión Europea, del acuerdo de asociación estratégica con el Mercosur, que constituye un paso más hacia la creación de un área de libre comercio entre ambos bloques de naciones".

"El intercambio de bienes y servicios entre los países del Mercosur y de Europa, en un marco justo y competitivo, será beneficioso para el desarrollo de las naciones involucradas y sus habitantes. Argentina necesita aumentar sus exportaciones, lo que a su vez generará más empleo de calidad", agregó el grupo que reúne a seis de las cámaras más importante del país.

Pero economistas anticipan que el sector industrial argentino puede verse perjudicado en caso de que el acuerdo, al que todavía le restan varias instancias formales para ser definitivamente ratificado, finalmente entre en vigencia.

"Argentina se ve más perjudicada que Brasil, porque Brasil tiene una industria más fuerte y con bastante integración en algunas cadenas con con Europa, pero nosotros no tanto. A nosotros nos puede pegar especialmente en la industria automotriz, maquinaria agrícola, o sea en sectores manufactureros. Y nos puede generar cierto beneficio en la colocación de algunos productos agrícolas", señaló Andrés Asiain, titular del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO).

Para Eduardo Crespo, economista de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, el incipiente tratado "en principio a quien favorece en Argentina es al sector agropecuario, que justamente se opone en Europa, y perjudica a la industria".

Aun así, Crespo aclaró que la mayor amenaza actual para la producción manufacturera local es China y no la industria europea, por lo que el tratado "no es demasiado relevante", ya que para la industria "no sería abrirse completamente al mundo" y para el agro "si pasa, va a aplicarse con muchas restricciones".

El festejo del agro

Esta perspectiva quedó plasmada en la posición que, más allá del comunicado conjunto del G6, adoptaron los respectivos sectores en específico.

La Sociedad Rural (SRA), por su parte, emitió un informe 100% elogioso, en el que destacó los beneficios concretos del acuerdo Mercosur-UE. Entre otros puntos, resaltó que "el 99% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur acceden a beneficios" y que "el 70% de los productos ingresan sin arancel desde el inicio", lo que "brinda previsibilidad de largo plazo, fundamental para inversión, certificaciones y planificación productiva".

También remarcó que "el acuerdo cubre prácticamente todo el entramado agroindustrial argentino", desde la soja a la carne bovina, la pesca y las economías regionales, y que dará "mayor previsibilidad para frigoríficos, plantas industriales y exportadores en un contexto de endurecimiento regulatorio europeo".

En paralelo, la SRA destacó que el acuerdo implicará la eliminación de las retenciones a la UE desde su tercer año de vigencia (para la soja será una rebaja parcial) y que establece "cuotas relevantes" para la exportación de carne y de algunos cereales.

Las advertencias de la industria

Al contrario, la industria adoptó una posición más ambivalente. Más allá del apoyo de la UIA a través del G6, el presidente de la entidad, Martín Rappallini, destacó que el acuerdo "ofrece una oportunidad estratégica para la industria argentina", pero alertó, al mismo tiempo que "su aprovechamiento dependerá de la capacidad del país para acompañarlo con políticas que fortalezcan la competitividad", tal como señaló en una columna publicada en el diario Clarín.

En ese sentido, y según pudo saber El Destape de fuentes del sector, la industria admite que hay varios puntos específicos del acuerdo que conllevan riesgos, los cuales pueden terminar por neutralizar los beneficios.

Por ejemplo, los industriales advierten que la oportunidad que abre la reducción arancelaria debe acompañarse con una baja paralela del "costo argentino", para evitar que haya un aumento de importaciones desde Europa sin una mayor exportación que equipare la ecuación.

La industria también alerta que la inversión extranjera directa que fomenta el acuerdo puede generar únicamente actividades extractivas (como energía y minería) sin la estabilidad macro y la seguridad jurídica adecuadas. Al respecto, admite que es posible que Argentina termine siendo un mero proveedor primario, que no aporte valor agregado a esos sectores, sin el fomento de políticas adecuadas.

Asimismo, los industriales reconocen que harán falta políticas concretas para que las pymes locales no queden relegadas en una relación asimétrica frente a las oportunidades de joint venture que puede ofrecer el acuerdo.

Otro punto en la mira es la necesidad de integración intra Mercosur que el acuerdo fomenta, ya que, señala la industria, si este aspecto no se coordina entre los socios del bloque sudamericano existe el riesgo de que se fragmenten las cadenas actuales.

Así, más en general, en la industria aceptan que, sin las reformas estructurales adecuadas, como la tributaria o las mejoras en logística, el acuerdo puede terminar por acelerar la desindustrialización en Argentina.

Ahora, el gobierno de Javier Milei tendrá que decidir si vuelve a priorizar un favorecimiento del campo o si, esta vez, opta por fomentar el marco que la industria pide, para el que la reforma laboral parece quedarse corta.