10 días pasaron del ataque en la Escuela Normal Superior N° 40 "Mariano Moreno" de San Cristóbal donde un adolescente de 15 años mató a Ian Cabrera (13) e hirió a otros ocho, ya fuera de peligro. En el marco de la investigación, autoridades nacionales y provinciales confirmaron que el tirador formaba parte de una cultura digital violenta de alcance global.
En una conferencia de prensa encabezada por la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, se descartó que el hecho haya sido un brote psicótico o estuviera vinculado al bullying, como se había planteado en un primer momento.
El joven participaba de la "True Crime Community" (TCC), una red transnacional que nació tras la masacre de Columbine en 1999, cuando dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Klebold, mataron a 12 compañeros y un profesor antes de quitarse la vida.
"Se pudo detectar que este joven de la localidad de San Cristóbal, este adolescente, participaba de una red internacional, de una subcultura digital, que se denomina TCC, y desde ese lugar, parten de la veneración a delitos violentos, asesinatos violentos, y, en algunos casos, llegan también a la imitación de la comisión de este tipo de delitos", manifestaron.
Según un informe reservado de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), estas comunidades digitales se caracterizan por la fascinación, el análisis y la emulación de crímenes violentos. Lo que comenzó como foros de discusión sobre crímenes reales derivó en grupos radicalizados que construyen narrativas en las que los tiradores son figuras idolatrables.
Cómo opera la TCC y quiénes la integran
El informe de la SAIT detalla que la TCC no responde a una ideología política, sino a un conjunto de creencias centradas en la exaltación de la violencia como fin en sí mismo. En estos entornos, la notoriedad pública es valorada, las víctimas quedan relegadas y los agresores adquieren un estatus simbólico superior.
Los analistas identificaron rasgos comunes entre los integrantes: en su mayoría son adolescentes o jóvenes adultos de entre 13 y 19 años, con antecedentes de aislamiento social, problemas de salud mental, experiencias de bullying o conflictos familiares, y un consumo intensivo de contenidos violentos en línea.
Entre las prácticas detectadas se encuentran la circulación de material audiovisual editado para generar impacto emocional y la identificación psicológica con los agresores.
La dinámica de radicalización dentro de la TCC sigue un patrón: primero, los usuarios investigan crímenes reales; luego, comparten material y glorifican a los perpetradores en foros abiertos; después, pasan a grupos cerrados en plataformas como Discord o Telegram; y finalmente, en una cuarta etapa, comienzan a planificar ataques para emular a sus "héroes". "Esa es la gran preocupación y lo que tenemos que detectar en forma temprana", advirtió el jefe del departamento de investigación antiterrorista de la Policía Federal Argentina.
El tirador de San Cristóbal: un caso testigo
Según la investigación, el adolescente de San Cristóbal tenía un seudónimo en las redes sociales con el que compartía videos de masacres escolares y accedía a foros de material extremadamente violento. Pese a ser consciente de la gravedad de sus conductas, habría continuado inmerso en esos espacios hasta concretar el ataque del lunes pasado.
Tras el hecho, usuarios de las mismas comunidades virtuales lo elogiaron como si fuera un héroe, mientras que otros se burlaron porque el ataque no cumplió con las expectativas que suelen construirse alrededor de estos episodios. Este doble comportamiento —glorificación y sarcasmo— es también parte de la dinámica de estas redes, donde la violencia se consume como espectáculo.
Un cómplice y un movimiento paralelo: Incels
El peritaje del celular del agresor permitió identificar a otro menor que habría participado en la planificación. Fue detenido cuando salía de su casa junto a sus padres, y en su domicilio se secuestraron dispositivos electrónicos y simbología vinculada a la subcultura.
Los investigadores también detectaron que ambos menores respondían a otra corriente digital: el movimiento Incels (célibes involuntarios). "Tal cual se vio en la serie 'Adolescencia', se dan todos los indicadores", indicó el comisario.
Este grupo, generalmente heterosexual, odia a las mujeres y también a los varones que mantienen relaciones románticas felices. En algunos casos, ese odio deriva en masacres. La combinación de la TCC con la ideología Incels potencia el riesgo, ya que ambos universos comparten la glorificación de la violencia y la deshumanización de las víctimas.
