Cómo cuidar a los niños del sol: se estima que a edades tempranas reciben el 80% de la radiación de toda su existencia

Especialistas advierten que proteger la piel desde edades tempranas es fundamental para reducir riesgos a futuro y disfrutar de las vacaciones de forma segura.

09 de enero, 2026 | 18.43

Durante el receso escolar, las colonias de verano, los viajes y las actividades al aire libre se convierten en protagonistas. En este contexto, especialistas advierten que cuidar a los niños del sol no es solo una recomendación para las vacaciones, sino una estrategia de prevención a largo plazo.

La médica pediatra y jefa de Pediatría de Vittal, María Cecilia Avancini explica que la infancia es una etapa crítica en términos de exposición solar. Se estima que durante los primeros 18 años de vida se recibe alrededor del 80% de la radiación solar acumulada de toda la existencia. Por eso, cada medida de cuidado adoptada hoy impacta directamente en la salud futura de la piel.

Uno de los primeros puntos a tener en cuenta es el horario. La experta recomienda evitar la exposición directa entre las 10 y las 16 horas, cuando la radiación es más intensa. Además, es importante usar ropa holgada y de colores. 

Por otra parte, el uso correcto del protector solar también es clave. Debe ser de amplio espectro (UVA y UVB), con un factor de protección solar (FPS) de 30 o más. Lo ideal es aplicarlo unos 30 minutos antes de salir al sol y renovarlo cada dos horas. En playas y piletas, el cuidado debe reforzarse, ya que el reflejo del agua y la arena intensifica la radiación.

Uso moderado de repelente

Durante las vacaciones, el uso de repelente suele ser necesario, pero debe hacerse de forma segura. La Academia Americana de Pediatría recomienda productos con un máximo de 30% de DEET y desaconseja su uso en menores de dos meses.

En chicos más grandes, siempre debe aplicarlo un adulto, evitando manos, ojos y boca. Hay que tener en cuenta que primero va el protector solar y, recién 20 o 30 minutos después, el repelente. 

Respecto a los golpes de calor, los niños, especialmente los menores de un año, son más vulnerables a sufrirlos. Por ello, es importante ofrecerles agua frecuentemente, aún si no tienen sed. En bebés, se debe reforzar la lactancia materna. Fiebre alta, piel roja y caliente, decaimiento, confusión, vómitos o mareos son señales de alarma que requieren atención médica inmediata.

Por último, una alimentación adecuada completa el esquema: lavado de manos antes de comer, frutas y verduras de estación y cuidado de la cadena de frío en viandas ayudan a evitar intoxicaciones alimentarias.

“La prevención integral, desde la mochila hasta el comportamiento en la pileta, permite que las vacaciones sean lo que deben ser: un espacio de juego, aprendizaje y seguridad”, sostiene Avancini.