Científicos argentinos descubren que una bacteria mortal tiene reloj biológico

Investigadores del CONICET descubrieron que la bacteria Acinetobacter baumannii tiene ritmos circadianos. Esto podría cambiar cómo tratamos las infecciones hospitalarias.

02 de enero, 2026 | 11.54

Un grupo de investigadores del CONICET hizo un descubrimiento que podría cambiar la forma en que entendemos las infecciones causadas por la bacteria Acinetobacter baumannii, reconocida por su alta resistencia a antibióticos y su protagonismo en infecciones intrahospitalarias.

Según un estudio publicado en Communications Biology, esta bacteria no solo es multirresistente, sino que también posee un reloj biológico circadiano que se sincroniza con los ciclos diarios de luz. Este hallazgo abre una nueva perspectiva sobre cómo se comporta el patógeno según el momento del día.

María Alejandra Mussi, líder de la investigación y científica del CONICET en el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (CEFOBI), explicó que durante años estudiaron mecanismos de resistencia a antibióticos sin grandes avances, hasta que descubrieron que “estas bacterias (Acinetobacter baumannii) sensan luz”, algo que antes se desconocía porque se pensaba que eran ciegas e indiferentes a este estímulo.

El equipo del CEFOBI fue pionero en demostrar que estas bacterias quimiótrofas responden a la luz, y luego confirmaron que esta percepción afecta funciones vitales como la motilidad, el metabolismo, la formación de biofilms y la capacidad de absorber hierro, factores clave en su potencial patógeno.

En colaboración con Diego Golombek y María Laura Migliori, los investigadores probaron que la bacteria sincroniza un ritmo circadiano, algo nunca antes observado en un patógeno crítico para la salud humana. Esto implica que Acinetobacter baumannii no solo responde a la luz, sino que tiene un reloj interno que regula su comportamiento durante el día.

Valentín Permingeat, primer autor del estudio y becario doctoral del CONICET, subrayó que esta es la primera vez que se evidencia un ritmo circadiano en este tipo de bacterias, lo que puede modificar la comprensión del proceso infeccioso al introducir una variable temporal que no se había considerado.

Además, el ritmo biológico de Acinetobacter baumannii puede ser entrenado por la luz y se mantiene incluso cuando desaparecen los estímulos externos, mostrando que su reloj circadiano es endógeno y autónomo.

El equipo descubrió que esta bacteria siente la luz y sincroniza sus actividades con el día.

Este descubrimiento abre la posibilidad de que la efectividad de los antibióticos varíe según la hora del día, ya que la bacteria podría ser más o menos vulnerable dependiendo de su ciclo biológico. También se plantea que el patógeno podría alinear su actividad con el ritmo circadiano humano para optimizar la infección.

Mussi valoró el esfuerzo del equipo y destacó la importancia del trabajo colaborativo y la juventud en la ciencia, recordando que este avance no se había logrado en ninguna otra parte del mundo.