Tinkunaco: de qué trata la ceremonia que une historia, política y religión en La Rioja

La celebración, que recuerda el alzamiento diaguita de 1593, mantiene vigentes rituales andinos e hispánicos y reúne cada 31 de diciembre a miles de fieles en la capital riojana. 

01 de enero, 2026 | 10.00

El Tinkunaco es la fiesta popular y religiosa más importante de La Rioja. Con más de cuatro siglos de continuidad, se celebra entre el 22 de diciembre y el 3 de enero y combina raíces andinas e hispánicas que se fueron resignificando con el paso del tiempo. La ceremonia recuerda el pacto de paz sellado en 1593 entre los diaguitas y los conquistadores españoles, un episodio que los jesuitas retomaron medio siglo más tarde como parte de su práctica evangelizadora y que dio origen al ritual tal como se conoce hoy.

Cada 31 de diciembre, las imágenes de San Nicolás de Bari, el Niño Jesús Alcalde y San Francisco Solano protagonizan un acto simbólico que representa la unión, la paz y la convivencia entre culturas, marcando el cierre del año con un mensaje de fe, memoria histórica y esperanza colectiva.

La ceremonia central tuvo lugar en la Plaza 25 de Mayo, con las tradicionales procesiones y el encuentro de las imágenes, en un marco de profunda devoción popular. El solemne acto religioso fue presidido por el obispo Dante Braida y, en representación del Poder Ejecutivo provincial, participó la vicegobernadora Teresita Madera, el Secretario General de la Gobernación Ricardo Herrera y el ministro de Vivienda, Tierras y Hábitat Social Ariel Puy Soria. De igual manera, estuvo presente el intendente capitalino Armando Molina, la senadora nacional Florencia López y los diputados nacionales Sergio Casas e Hilda Aguirre de Soria

Su historia se remonta hasta el año 1591, cuanto el territorio riojano estaba habitado por el pueblo diaguita y fue sometido a la esclavitud tras la fundación de la ciudad por Juan Ramírez de Velazco. Los conquistadores impusieron autoridades, edificaron un fuerte y intentaron suprimir la cultura y organización indígena. Después de dos años de resistencia, los diaguitas se alzaron el Jueves Santo de 1593 e intentaron tomar la ciudad.

Según el relato del escribiente colonial Manuel Núñez de Almeida, la intervención de Fray Francisco Solano en las puertas del fuerte logró contener el ataque y dio lugar a un pacto de paz que culminó con el bautismo de nueve mil indígenas. Años más tarde, los jesuitas utilizaron esta historia para consolidar un método de evangelización basado en teatralizaciones públicas.

Una historia que llega hasta hoy 

Según los teólogos, el Tinkunaco es una fiesta sincrética de origen jesuítico, cuyo guion ritual se mantiene casi intacto desde el siglo XVII. Sin embargo, se advierte que con el tiempo muchos significados se perdieron, especialmente los vinculados a la simbología indígena. Pese a ello, persisten la fe, los atuendos, los cantos en quichua y las cofradías que resguardan la tradición: los Aillis, que representan a los diaguitas, y los Alféreces, que representan a los españoles.

El nombre Tinkunaco, que en quichua significa “encuentro”, fue adoptado recién a principios del siglo XX durante el obispado de Monseñor Enrique Angelelli, quien dotó a la ceremonia de nuevos sentidos. Para Estrabou, la historia del Tinkunaco es apasionante porque reúne aspectos culturales, ideológicos, políticos y religiosos que se transforman según los distintos contextos históricos.

La ceremonia central se realiza el 31 de diciembre. Ese día, la imagen del Niño Jesús Alcalde sale desde la Iglesia San Francisco de Asís acompañada por los Aillis, los párrocos franciscanos y autoridades municipales. Desde la Catedral parte la imagen de San Nicolás de Bari, acompañada por el obispo, los promesantes y los Alféreces.

A las 12 del mediodía, bajo el intenso calor riojano, ambas imágenes se encuentran en el centro de la plaza 25 de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, donde miles de fieles participan del acto. Luego, las imágenes permanecen en la Catedral hasta el 3 de enero.

Al día siguiente se realiza la procesión de San Nicolás de Bari, y durante todos los días de la celebración resuenan las cajas chayeras y los cantos en quichua dedicados al Niño Jesús Alcalde. Con el paso del tiempo, el Tinkunaco se adaptó a nuevas realidades, pero mantuvo su lugar central en la identidad riojana. Para Nieto, mientras que en el siglo XVII la ceremonia buscaba ordenar el vínculo entre españoles y diaguitas, en la actualidad expresa un mensaje distinto, ligado a la visión de Angelelli: una oportunidad para que el pueblo manifieste su identidad, su historia y sus demandas frente a las autoridades.