Argentina canceló u$s2.500 del swap con EE.UU.: de dónde salieron los fondos para el pago

El BCRA utilizó recursos provenientes de organismos multilaterales para saldar la deuda con el Tesoro estadounidense. Le pagó a Estados Unidos y ahora le debe al Banco de Basilea.

09 de enero, 2026 | 15.17

Argentina canceló el swap con Estados Unidos y el Gobierno presentó la operación como un gesto de solvencia financiera. Sin embargo, los movimientos contables del Banco Central muestran que no se trató de un pago genuino sino de un reemplazo de acreedor. Los dólares transferidos al Tesoro estadounidense salieron, en los hechos, de un nuevo endeudamiento con organismos internacionales, en particular, con el Banco Internacional de Pagos (BIS), conocido como Banco de Basilea.

El Banco Central informó que en diciembre canceló las operaciones realizadas durante el cuarto trimestre bajo el acuerdo de estabilización cambiaria firmado con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. El monto involucrado fue de aproximadamente 2.500 millones de dólares. La comunicación oficial no detalló el origen de los fondos utilizados para efectuar el pago, pero los estados financieros del BCRA permiten reconstruir la secuencia.

El titular del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, celebró la cancelación del swap y destacó que la operatoria generó “decenas de millones de dólares en ganancias” para los contribuyentes de su país, en línea con la regla histórica del Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF), que establece que esas intervenciones no deben implicar pérdidas para Estados Unidos. La afirmación de Bessent deja en claro que el swap no fue un respaldo desinteresado, sino una operación financiera con retorno asegurado. 

Quién puso la plata

El balance del Banco Central muestra que, al mismo tiempo que se redujo el pasivo vinculado al swap con Estados Unidos, aumentaron las obligaciones con organismos multilaterales. En términos simples, el BCRA no canceló una deuda con recursos propios: la sustituyó por otra. En particular, tomó un préstamo del BIS por un monto equivalente al pagado al Tesoro estadounidense, cercano a los 2.500 millones de dólares.

Ese crédito del BIS tiene una característica central: es indisponible: los dólares no pueden utilizarse libremente para intervenir en el mercado o cancelar otras obligaciones. Deben permanecer depositados, bajo la forma de un plazo fijo mínimo que, según las condiciones habituales, asciende a unos 2.525 millones de dólares. Es decir, el Banco Central recibe el crédito, lo registra como reserva bruta, pero no obtiene liquidez efectiva.

El préstamo del BIS y el depósito asociado suman reservas brutas, mientras que el pago al Tesoro estadounidense las resta. Por eso, las reservas brutas no caen de manera significativa. En el caso de las reservas netas, el efecto es prácticamente neutro, ya que se cancela un pasivo y se incorpora otro de magnitud similar. La diferencia aparece en el costo financiero: existe una pérdida asociada al diferencial de tasas entre el crédito tomado y el rendimiento del depósito obligatorio.

No tan saneado

Este esquema contrasta con lo comunicado por el propio Banco Central en abril de 2024. El 11 de ese mes, la autoridad monetaria anunció la cancelación de los desembolsos recibidos bajo la facilidad crediticia con el BIS, y presentó esa decisión como parte del “saneamiento del balance” y del “sinceramiento de las variables económicas”. En ese comunicado se afirmaba que la cancelación no afectaba la posición neta de reservas ni la liquidez, y que permitiría un ahorro superior a los 10 millones de dólares anuales en intereses. Menos de un año después, el BIS volvió a convertirse en acreedor del Banco Central, esta vez para facilitar el pago a Estados Unidos.

La operación con el Tesoro estadounidense tuvo su origen en octubre, en un contexto de tensiones cambiarias previas a las elecciones legislativas. En ese momento, el Fondo de Estabilización Cambiaria de Estados Unidos intervino con rapidez, comprando pesos, invirtiéndolos en instrumentos del BCRA y transfiriendo dólares y Derechos Especiales de Giro (DEG) que permitieron a la Argentina cumplir con vencimientos ante el FMI. Según datos oficiales del propio Tesoro norteamericano, el uso total de recursos ascendió a 2.534 millones de dólares.

Esos fondos quedaron registrados como parte del swap con Estados Unidos y, tras las elecciones, pasaron a contabilizarse como deuda argentina. La cancelación anunciada ahora implica que el Banco Central transfirió dólares de sus reservas para saldar ese compromiso. Pero, para evitar una caída más marcada de las reservas brutas, recurrió nuevamente al endeudamiento con el BIS.

En consecuencia, el pago al Tesoro estadounidense no modificó de manera sustantiva la posición externa del Banco Central. Cambió la composición de sus pasivos, trasladando la deuda desde un acreedor bilateral a un organismo internacional. Estados Unidos cobró capital e intereses y consolidó una ganancia. El Banco Central argentino mantuvo el nivel de reservas a costa de asumir un nuevo compromiso, con menor disponibilidad y un costo financiero adicional.