No hay que ser economista o un lector sobreinformado de los acontecimientos políticos y económicos para responder el siguiente interrogante. ¿Qué solicita/exige el staff técnico del Fondo Monetario Internacional, con el apoyo de los principales directores, a los equipos económicos de países endeudados para avanzar en la firma de un acuerdo o en la aprobación de cada una de las revisiones?
No es un misterio la respuesta porque la receta de ajuste ortodoxo que impone el organismo a cambio de sus dólares es la misma para todos. La medida predilecta de este vademécum es una devaluación o la alteración del régimen cambiario para impulsar al alza el tipo de cambio oficial.
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Pocos han tomado nota en la dilatación de la segunda revisión del acuerdo de facilidades extendidas, firmado justo hace un año. Hace dos meses debería haberse aprobado, con los consiguientes waivers (perdón) por el incumplimiento de algunas metas cuantitativas y cualitativas del acuerdo.
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En esta semana, el equipo económico participará de la Asamblea de primavera del FMI-Banco Mundial, en Washington, escenario que servirá para continuar las negociaciones en forma presencial. El ministro de Economía, Luis Caputo, buscará un encuentro con la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, para enviar la señal de que todo va bien en la relación con el staff técnico del organismo, pero lo cierto es que la segunda revisión del acuerdo todavía sigue pendiente.
La receta de siempre con las medidas económicas conocidas
Veamos los últimos tres antecedentes de este tipo de negociación con la tecnoburocracia del FMI y cuál ha sido el desenlace antes del visto bueno del staff y el posterior del directorio del organismo:
- El día después de las PASO 2023, el entonces ministro de Economía Sergio Massa se estaba recuperando de la derrota en esa instancia electoral y en ese contexto, el Banco Central aplicó, en forma desesperada, una devaluación porque el riesgo inmediato era ingresar en un escenario de impagos de deuda externa. Luego del ajuste cambiario del 22%, el directorio del FMI aprobó el 23 de agosto el desembolso de 7500 millones de dólares. Estos recursos estaban retenidos, correspondientes a la quinta y sexta revisión del acuerdo, como parte de la habitual estrategia de estrangulamiento del organismo para presionar al gobierno de turno. En esos meses de tensión con el FMI, Massa utilizó diversos créditos puente de la CAF (Corporación Andina de Fomento, banco de desarrollo de América Latina y el Caribe), del fondo soberano de Qatar y la habilitación de la liquidez de parte del swap con China. La urgencia por recibir esos dólares del Fondo se debía a que el gobierno de Alberto Fernández debía cancelar esas líneas de emergencia luego de las elecciones PASO y no tenía los dólares. El Fondo, finalmente, los entregó a cambio de la devaluación.
- El primer trimestre de 2025 empezó a mostrar la fragilidad del plan económico de la dupla Milei-Caputo, la actividad estaba débil, el consumo masivo en retroceso, el extraordinario ingreso de dólares por el blanqueo de capitales (unos 22.000 millones de dólares) fue rápidamente dilapidado, lo que hizo perder el impulso positivo sobre las expectativas económicas, y las reservas netas continuaban en terreno negativo. En los primeros diez días de abril, el Banco Central vendió 851 millones de dólares, señal de una incipiente corrida cambiaria. Para salir de esta encrucijada que le impedía al ministro de Economía salir a buscar dólares al mercado internacional, el experimento liberal-libertario buscó el salvataje financiero del Fondo Monetario para conseguir las credenciales de reputación que no tenía para seducir a inversores del exterior a comprar bonos argentinos. Con la presión de los Estados Unidos de Donald Trump, el FMI incrementó aún más la asistencia récord a la Argentina, y al ya descabellado crédito de 45.000 millones de dólares al gobierno de Macri lo elevó en otros 20.000 millones al gobierno de Milei. En abril del año pasado, entregó 12.000 millones, una proporción elevada del total también insólita, pero con una condición: Milei tuvo que abandonar el ajuste mensual (crawling peg) del 1%, que había bajado del 2% dos meses antes con la promesa de llevarlo al 0% en agosto, por un esquema de banda cambiaria (piso de 1000 pesos y techo de 1400 pesos), que implicó un ajuste del tipo de cambio oficial de poco más del 12%.
- El plan económico de Milei-Caputo necesitó un nuevo salvataje financiero, en octubre pasado, esta vez en forma directa por los Estados Unidos de Trump, vía la Secretaría del Tesoro, por un paquete de 20.000 millones de dólares, de los cuales se entregaron 2500 millones, que fueron devueltos a las pocas semanas posteriores a las elecciones de medio término. Luego de la primera revisión del acuerdo y antes de la segunda, que aún sigue pendiente, el Fondo (Estados Unidos) exigió otra modificación del régimen cambiario: el ajuste del tipo de cambio pasó a ser por la tasa de inflación pasada (de dos meses). De esta manera buscaba que no se siga atrasando la paridad en términos reales con el consiguiente incremento de las expectativas de devaluación.
El ministro de Economía, Luis Caputo, con la titular del FMI, Kristalina Georgieva. El FMI impone metas de reservas y el retorno al mercado de crédito que funcionan más como dispositivos de presión política que como objetivos reales.
El análisis crítico de los técnicos del Fondo Monetario
Con estos antecedentes recientes, ¿qué está esperando el FMI para aprobar la segunda revisión del acuerdo con Milei que está demorado desde hace dos meses?
Otro ajuste cambiario no debería descartarse, aunque la cuestión política vía Trump puede ser la única carta que pueda jugar Caputo para evitar la devaluación, que activaría aún más la llama del fuego inflacionario.
Quienes están en conocimiento de la negociación con el Fondo aseguran que habrá luz verde por la presión política de Estados Unidos sobre el directorio del organismo, sin tomar en cuenta las observaciones críticas de sus técnicos. Las siguientes son las principales:
- Consideran que el tipo de cambio oficial está atrasado.
- Critican que el Banco Central no acumuló reservas netas (incumplió la meta prevista).
- Señalan que, pese a la promesa de Caputo, no consiguió abrir las puertas del financiamiento en el mercado internacional de capitales.
- Advierten que las cuentas fiscales están bajo presión rumbo al desequilibrio por la caída de la recaudación en términos reales desde hace 8 meses en forma consecutiva.
Argentina se ha consolidado como el mayor problema del Fondo: representa el 40% de su cartera crediticia, lo que convierte al organismo en un acreedor privilegiado.
No hay feliz cumpleaños.
Se cumple un año del acuerdo con el FMI y la economía de Milei no está mejor; está peor. Vale entonces hacer un recorrido histórico del vínculo del país con el Fondo, y el estado de situación de la relación con el gobierno de Milei.
Este escenario de revisiones demoradas y exigencias devaluatorias no es una anomalía, sino el funcionamiento sistémico de una relación de subordinación que nació en 1956. Tras el golpe a Perón, la Argentina ingresó al Fondo para iniciar un ciclo que ya suma 28 acuerdos. El dato es demoledor para cualquier pretensión de soberanía económica: en siete décadas, el país pasó 46 años bajo el tutelaje del organismo. Hubo algunos años que no estuvo la tutela del FMI, pero el paréntesis más prolongado fue los 12 años del ciclo kirchnerista, cuando Néstor Kirchner en 2006 canceló el total de la deuda y adquirió un mayor margen de autonomía relativa para la política económica.
Diseñados para el incumplimiento
Al analizar la dinámica actual, queda claro que los acuerdos con el Fondo están diseñados para no cumplirse. El FMI impone metas de reservas, ajuste fiscal y restricción monetaria, entre otras, que funcionan como dispositivos de presión política.
El experimento de Milei y Caputo es la prueba más reciente: tras recibir un salvataje de 20.000 millones de dólares (elevando la deuda total a casi 57.000 millones) no ha podido orientar la economía a un sendero de crecimiento sostenida ni alejar las expectativas de devaluación.
Esta fragilidad es la que explica las sucesivas claudicaciones en el régimen cambiario. Primero fue el abandono del crawling peg del 1% por una banda de 1000-1400; luego, la eliminación de facto de esa banda para ajustar por inflación pasada. Cada cambio fue un "peaje" cobrado por la tecnoburocracia de Washington para otorgar los desembolsos que el mercado de crédito internacional, todavía cerrado, se niega a dar.
Un acreedor privilegiado
Argentina se ha consolidado, a la vez, como el mayor problema del Fondo: representa el 40% de su cartera crediticia, lo que convierte al organismo en rehén de un deudor que tiene, por ese motivo, a ese acreedor como privilegiado, lo que, paradójicamente, no permite reducir el riesgo país ni la incertidumbre cambiaria. Los inversores de bonos argentinos están detrás del FMI en la cola de cobranza de la deuda.
Si bien la gestión de Mauricio Macri dejó una herencia catastrófica con el desproporcionado préstamo del FMI, el gobierno de Milei ha logrado empeorarla, porque lo incrementó aún más, para quien deba sucederlo, entregando la política económica a los guiños políticos de Estados Unidos y al fuego inflacionario que desataría una nueva devaluación.
Al cumplirse este primer aniversario, el balance es inequívoco. Entre el ajuste ortodoxo y la pérdida de soberanía, la economía real languidece. No hay feliz cumpleaños para un país atrapado en el laberinto de la deuda y con el Fondo Monetario como un auditor implacable por ser el principal acreedor.
