Agro y minería crecen, industria y construcción caen: el balance del modelo Milei

Los sectores exportadores de hidrocarburos, mineros y sojeros fueron los ganadores del modelo Milei. La primarización de la economía al palo. El 2025 también se caracterizó por una fuga de la inversión extranjera directa. 

09 de enero, 2026 | 21.34

A dos años del inicio de la administración Milei, los ganadores del modelo de transferencia de recursos se encuentran entre las grandes empresas y los sectores exportadores, entre ellas las compañías petroleras, algunas mineras y las grandes cerealeras que concentran el 80% del comercio exterior. Entre los perdedores se ubican los trabajadores públicos, jubilados, provincias y sectores productivos orientados al mercado interno, es decir, todo el entramado productivo vinculado a economías regionales e industria manufacturera.

La desaceleración inflacionaria del período solamente sirvió para una apreciación cambiaria y una enorme transferencia de riqueza hacia los sectores concentrados.

“La estabilización de la inflación lograda a partir de las anclas fiscal, salarial y cambiaria no implicó una recuperación generalizada de la actividad ni de los ingresos, sino más bien sedimentó una redistribución regresiva del ingreso y de la riqueza, así como un comportamiento dispar y errático de las distintas actividades económicas”, puede leerse en el reciente documento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO).

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Como corolario, el sueño húmedo de incrementar la inversión extranjera directa tuvo el resultado opuesto, con una salida de capitales de casi 1500 millones de dólares durante 2025.

Ganadores y perdedores

Durante el primer año de gestión de la administración Milei el ajuste estuvo marcado por el shock inicial devaluatorio, el fuerte recorte del gasto público y la caída abrupta de los ingresos reales, mientras que durante 2025 se consolidó un esquema de precios relativos y rentabilidades que favoreció estructuralmente a los sectores y empresarios con mayor poder de mercado, acceso al financiamiento y capacidad de dolarizar ingresos o activos.

De acuerdo a un informe del CESO, entre los ganadores de los primeros dos años de gestión se encontraron los sectores primarios exportadores —particularmente agro, minería e hidrocarburos—, “aun en un contexto de apreciación cambiaria, gracias a ventajas estructurales, marcos regulatorios favorables, reducción impositiva y la maduración de inversiones previa”.

“Se visualiza un aumento exponencial de los exportadores (+38%). Del lado de la oferta de la Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura el saltó fue del 17,1% y la Explotación de Minas y Canteras tuvieron un incremento del 16,1%”, destacaron desde el CESO y agregaron: “En el caso de la minería y los hidrocarburos, la expansión se explica por una tendencia que se consolida desde la salida de la pandemia, impulsada principalmente por el desarrollo de Vaca Muerta, la maduración de inversiones estratégicas —como el gasoducto Néstor Kirchner— y el auge del litio”.

Por el lado de los perdedores quedaron los sectores orientados al mercado interno como la industria manufacturera, el comercio y, de manera particularmente aguda, la construcción que afectada fundamentalmente por el virtual parate de la obra pública y altos costos en dólares de su actividad.

Esto último tuvo un impacto directo en la pérdida de puestos de trabajo. “Los datos muestran una fuerte caída de los sectores trabajo intensivos y orientados al mercado interno. Los más afectados son la Construcción (-15,8%), la Industria Manufacturera (-10,3%) y el Comercio Mayorista, Minorista y Reparaciones (-6,1%)”, indicaron desde el CESO.

El año también estuvo marcado por la “uberización” del mundo del trabajo. “El empleo de tipo plataforma empieza a ganarle terreno a las modalidades clásicas del mismo, hecho que acompaña el debilitamiento del sector sindical argentino, así como de cualquier tipo de posibilidad de acción colectiva de reclamo por parte de los trabajadores, ya que los formatos informales de empleo se caracterizan por una relación de fuerza aún más perjuiciosa y desigual para el trabajador en relación al empresario”, agregaron desde el CESO. La informalidad laboral ascendió al 43,5%.

Dolarización de ganancias y caída de IED

El modelo Milei produjo otros dos fenómenos: la dolarización de excedentes y la caída de la inversión extranjera directa. Las personas que participan de la actividad exportadora se beneficiaron de la unificación cambiaria ya que les permitió una dolarización del excedente con un dólar barato. No hubo error de política monetaria. Fue una transferencia directa de riqueza.

“La política persistente de apreciación cambiaria, combinada con la desregulación gradual del comercio exterior profundizó el deterioro de los sectores perdedores a través de un doble canal: el disciplinamiento vía precios y la creciente competencia de las importaciones sobre la producción orientada al mercado interno. Este esquema cambiario, lejos de ser neutral, operó como un mecanismo adicional de presión sobre la actividad doméstica y el empleo”, puede leerse en el último informe del CESO.

Como corolario, a nivel macroeconómico, la pérdida de atractivo relativo de la Argentina como destino de inversión extranjera directa —en un contexto de apreciación cambiaria, elevada incertidumbre, salida parcial del cepo y posibilidad de repatriación de capitales— se tradujo en una reversión inédita de los flujos de capital productivo.

El año pasado se constituyó en el primer año de la serie histórica en el que se registró una salida neta de capitales del país por 1.421 millones de dólares agravando la situación evidenciada en 2024, que constó de un saldo neto casi equilibrado entre salida y entrada de capitales.