El plan de Bullrich para romper el cerco de Karina: calle, imagen alta y el sueño de la vicepresidencia

En el entorno de la senadora comparan la lógica libertaria con un sistema de sumisión total y denuncian operaciones para desgastarla. El refugio en el contacto directo con la gente y la apuesta a ser la sucesora natural de Milei pese a la desconfianza de la hermana del Presidente.

07 de abril, 2026 | 18.49

Mientras el oficialismo busca consolidar un esquema de lealtad absoluta y vertical, Patricia Bullrich intenta preservar un capital propio que le permita sobrevivir a las operaciones internas, ahora apaciguadas por el escándalo de Manuel Adorni. En ese tablero, su estrategia de repliegue territorial asoma como la respuesta ante un cerco que busca reducir su influencia a la mínima expresión.

Alguien que orbita a Bullrich describió el sistema de funcionamiento de La Libertad Avanza como el de una secta. Básicamente, estas organizaciones operan a través de un sistema de control represivo que persigue la anulación de la autonomía individual para someterla a la voluntad de un líder. En este caso, el proyecto libertario, la figura de Javier Milei o, en última instancia, en la de Karina. No se puede apoyar a los dos primeros sin serle leal a la hermana; el "que sea lo que Dios quiera" fue reemplazado por "que sea lo que Karina quiera".

Bullrich, siguiendo esta lectura, no se sometió a esa lógica y mantiene su autonomía. Razón por la cual en el dispositivo karinista creció —o nunca se fue— la desconfianza en su figura, motivo que derivó en una seguidilla de operaciones mediáticas para bajarla, reprochan, de una candidatura que nunca quiso. 

Cuando le pidieron abandonar la gestión para desembarcar en el Senado —un lugar que nunca le resultó atractivo— el paquete incluyó el encargo de una postulación en 2027 para luchar por la Jefatura de Gobierno porteña. En su armado esta idea siempre fue seductora, en especial por el condimento extra de arrebatarle la Ciudad a Mauricio Macri, pero no es lo que la desvela a ella quien, dicen, incluso se olvidó del ex presidente.

En aquel momento Bullrich aceptó las condiciones libertarias pero, apenas terminaron las elecciones legislativas de 2025, empezaron a aparecer notas periodísticas para erosionar su figura. En el bullrichismo repiten, una y otra vez, que si Karina quería bajarla de la carrera por la Ciudad solo debía pedirlo. A la senadora lo que más le interesa es ser compañera de fórmula presidencial —una buena vice— o, en caso de llegar a una instancia de desgaste de la imagen de Milei, la sucesora que garantice la continuidad del proceso.

Pero hoy está encorsetada por la hermana del Presidente, aunque la campaña en su contra ingresó en una meseta gracias al escándalo de Manuel Adorni, una caída de la que el bullrichismo no se hace cargo. Dicen que Patricia no opera de ese modo y que nada tuvo que ver con la filtración del video primigenio del jefe de Gabinete y su familia en el aeropuerto de San Fernando.

Además de publicaciones en los medios para potenciar la desconfianza y poner en duda su lealtad, algunos hitos dejaron expuestas las ataduras. En enero, en plena campaña por la reforma laboral, la senadora organizó una gira por la Ciudad y puntos del interior para conversar sobre el proyecto de ley. En ese momento se buscó minimizar la situación pero, con el paso del tiempo, se reconoció que la charla organizada en CABA fue intervenida por Karina, quien metió a Adorni en el organigrama junto al diputado Guillermo Montenegro. También se señaló que le cancelaron eventos similares en el interior y que, durante una visita suya a Rosario, no hubo ningún referente libertario para acompañarla.

Por lo pronto aseguran que ella está tranquila, aunque dolida y molesta por este doble juego. Pero tiene un plan. En principio comulga con la idea de que es necesario establecer un bloque parlamentario fuerte, no circunstancial, para que el plan económico despegue y dé resultados. Se trata de un pedido del ministro de Economía, Luis Caputo, quien ya reconoció que su cartera hizo lo que tenía que hacer pero que hacen falta señales que marquen que este camino será duradero. Hasta ahora las alianzas se fueron concretando paso a paso, desafío a desafío; la intención es poder garantizar un trabajo más estable para lo cual es necesario que los socios se sientan parte del proceso.

En paralelo, y aún en construcción, la senadora se va a recostar en el contacto con la gente. Lo hizo en la campaña del 2023: participar de eventos, actos, caminatas y charlas. Al no tener responsabilidad de gestión —una vidriera más que grande— volverá al vínculo con la ciudadanía, una tarea a la que le dedica tiempo.

El bullrichismo ve que la ex ministra está en un buen momento de imagen dentro del Gabinete, incluso a veces superando al propio Presidente. Sostenerse en esos niveles altos es su mejor arma para que, llegado el caso, la necesiten en el puesto que sea, o que golpearla tenga un costo político. Si no, todavía tiene seis años por delante en la Cámara Alta.