Mientras Donald Trump se pertrecha para una Guerra con G mayúscula, Javier Milei pone en práctica una nueva teoría de las relaciones internacionales: la fantasía periférica, que consiste en justificar una subordinación total no por reconocer los límites en la autonomía de un país con las características de Argentina sino por una sobredimensión narcisista de su importancia que lo lleva a creerse un socio y no un insumo descartable. Los buitres, viejos conocidos, ahora sobrevuelan Venezuela, mientras el partido te pide que dejes de creer lo que ven tus ojos y el “nuevo” fascismo neoliberal adopta abiertamente la retórica del viejo fascismo del siglo XX.
1.
El rey Luis XIV de Francia, al que luego llamarían Rey Sol, tenía 16 años cuando dijo, o dicen que dijo, “El Estado soy yo”, la frase que marcaría su largo reinado de 72 años, el más extenso del que se tenga registro. Trump tiene 79 y sólo tres por delante en su segundo mandato, el último que le permite la Constitución vigente en los Estados Unidos, y sin embargo se arrogó una responsabilidad bastante más pesada: el orden internacional soy yo. Con la misma mano con la que el 2 de abril de 2025, el “Liberation Day”, dio un vuelco al comercio mundial, el 3 de enero de 2026 pateó el tablero del uso de la fuerza.
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El sábado 3 por la madrugada se ejecutó el secuestro de Nicolás Maduro. Desde entonces Trump declaró que los dos continentes americanos quedan bajo su tutela, con todos sus recursos subordinados a la seguridad estratégica de Washington; amenazó con atacar a Colombia, Cuba, México y Groenlandia; incautó con fuerza militar un barco de bandera rusa; retiró a su país de 66 organizaciones y tratados internacionales; intervino la industria de la defensa para forzar a los contratistas a que aceleren el desarrollo y la producción; y, finalmente, anunció que el presupuesto militar aumentará de 1 billón de dólares por año a un billón y medio.
Son medidas de Guerra con G mayúscula que le dan espesor a una retórica radicalizada en el mismo sentido. En una entrevista con el New York Times le preguntaron si consideraba que sus poderes globales tenían algún límite y Trump respondió: “Sí, hay uno. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito del derecho internacional”. A esta altura del partido resulta evidente que el ataque a Caracas fue el primer movimiento de algo más grande, como el estremecimiento de un viejo mecanismo cuando vuelve a ponerse en marcha después de mucho tiempo. Con él, se encienden viejas alarmas.
La retórica de seguridad estratégica como justificación para la expansión territorial, en Venezuela, en Groenlandia o en el próximo rincón del continente que la Casa Blanca decida, desde las Malvinas hasta Canadá, hace resonar sin esfuerzo el viejo ‘lebensraum’, espacio vital, que sirvió a Alemania como excusa para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El nazismo explica la inmensa tragedia que se desató a partir de ese momento pero no puede soslayarse el papel de los capitalistas alemanes, que encontraban en las élites angloamericanas y el socialismo ruso dos amenazas existenciales a sus planes de expansión. Ahora pasa algo muy parecido.
2.
Detrás de la mano pesada de Donald Trump están los tres sectores más poderosos del capital concentrado en occidente: la energía, la tecnología y las finanzas, que tienen intereses distintos pero en este momento confluyentes: Silicon Valley necesita energía, las petroleras financiamiento y los mercados están apoyados sobre el valor de las big tech. Respecto a Silicon Valley escribí el miércoles en El Destape. Con el ataque a Caracas volvieron a aparecer, volando en círculos sobre la fértil pero descuidada cuenca venezolana, los buitres que esperaban desde hace muchos años que se abrieran estas oportunidades.
En la conferencia de prensa que dio a bordo del avión presidencial el domingo 4 de enero, un día después de la incursión militar, el presidente norteamericano reconoció haber conversado con la industria petrolera con antelación. “Antes y después. Y quieren jugar”, dijo el mandatario cuando le preguntaron si ya había hablado con esos jugadores. Lo que no sabemos es con cuánta antelación fue ese aviso. Si alguna vez se conoce, ese dato podría exponer a algunos destacados donantes de su campaña a incómodas preguntas sobre información privilegiada y negocios fructíferos, una especialidad de esta administración.
El 11 de diciembre, semanas antes del secuestro de Maduro, el gigante energético Halliburton inició un juicio bastante inusual contra Venezuela ante el CIADI. El reclamo es por una indemnización de más de 200 millones de dólares como resarcimiento por las pérdidas sufridas a partir de 2016, cuando la empresa dejó de operar en ese país. El detalle es que Halliburton cesó sus operaciones en Venezuela cuando el propio Trump, en su primer mandato, dispuso sanciones contra el régimen bolivariano. Es decir que le reclama a Venezuela por una decisión que tomó a causa de sanciones del gobierno de Estados Unidos.
Resulta difícil creer que un tribunal vaya a aceptar como argumento que el responsable de las sanciones es el que las sufrió y no el que las dispuso, y falle en contra de Venezuela en este caso. Pero no es tan difícil pensar en que en este contexto el gobierno venezolano de Delcy Rodríguez, o quien la reemplace, condicionado por Trump, ofrezca un pago voluntario para saldar el conflicto, como hizo Mauricio Macri en Argentina en 2016. Una transferencia directa de dinero público que debería destinarse al desarrollo o a saldar necesidades básicas, a los bolsillos de supermillonarios que no hicieron nada productivo para ganarlo.
3.
Un nombre se repite de aquella historia: Paul Singer. En aquel 2015 había aportado dos millones y medio de dólares a la campaña de Macri, de acuerdo a revelaciones del periodista Greg Palast. Una vez que ganó las elecciones, el presidente argentino dio fin a un litigio de más de una década con los holdouts en los canjes de la deuda que se dejaron de pagar tras la crisis de 2001 y 2002. El acuerdo le costó al gobierno 10.500 millones de dólares en total de los cuales 2400, casi la cuarta parte, fueron a parar a las arcas de Singer, que había pagado en su momento apenas 177 millones de dólares por los bonos en default.
En 2024 el dueño de Elliott Management donó 5 millones de dólares al superPAC “Make America Great Again”, encargado de llevar adelante el grueso de la campaña presidencial de Trump. Además aportó un total de más de 30 millones de dólares a los candidatos MAGA en las elecciones para representantes y senadores, que le permitieron al gobierno republicano tener mayoría propia en el Capitolio. Singer, además, es un histórico mecenas de la carrera política de Marco Rubio, actual secretario de Estado, a cargo de la política exterior, y por lo tanto uno de los brazos ejecutores de la voluntad norteamericana en Venezuela.
Hace menos de dos meses el magnate consiguió la aprobación judicial para adquirir Citgo, la filial estadounidense de PDVSA, expropiada por Trump durante el interinato delulu de Juan Guaidó. Citgo es dueña, entre otros activos de gran valor, de las tres refinerías sobre la costa del Golfo de México/America/Donald que están preparadas para procesar el crudo pesado que se extrae de la cuenca venezolana. De acuerdo al gobierno venezolano, que denunciaba la ilegalidad de la venta, la empresa vale 18 mil millones de dólares. De acuerdo a la valuación judicial, vale entre 12 y 14 mil millones. Singer la compró por algo menos de 6 mil millones.
En el mismo acto, el juez rechazó una oferta de acreedores de la compañía por casi dos mil millones más. El funcionario que recomendó priorizar a Elliott Management, el “special master” (un cargo que suena mucho mejor que el gris “perito judicial”) Robert Pincus, es miembro de la junta directiva de AIPAC, uno de los principales lobbies israelíes en Estados Unidos, del que Singer es un gran donante. La decisión fue apelada en su momento por el gobierno de Maduro pero, como en el caso de Halliburton, lo más probable es que bajo las nuevas circunstancias las autoridades venezolanas desistan esa apelación.
Si la transición estabiliza el país como un protectorado norteamericano Citgo multiplicará varias veces su valor. Precavido, Singer lleva casi dos décadas financiando organizaciones que promueven el cambio de régimen. Formó parte de la Junta Directiva del Manhattan Institute, que hace lobby por la intervención. También de la Fundación en Defensa de las Democracias, que días después del fallo por Citgo, publicó un dossier donde dice que Estados Unidos tiene "capacidades para lanzar una campaña abrumadora de ataques aéreos y misiles contra el régimen de Maduro" que debería utilizar para removerlo del poder”.
4.
Desde el principio de su mandato Javier Milei mostró disposición a ser un delegado de la Casa Blanca en la Argentina, pero sólo la llegada de Trump al poder por segunda vez le permitió concretar plenamente ese anhelo. A menos de un año ya funcionamos como un protectorado: se han hecho cargo de la gestión económica, de la política exterior, de la defensa, la seguridad y la inteligencia, cuyos límites se borronean. Hoy el país no funciona como una Nación soberana. Cuando le preguntan al presidente norteamericano quién está a cargo en Venezuela contesta “We are in charge”. Sobre Argentina diría lo mismo.
El secuestro de Maduro es un punto de apoyo sobre el que Trump ahora se apalanca para negociar. No necesita repetir la violencia para lograr el efecto buscado; le alcanza con hacer creíbles sus amenazas y negociar con interlocutores que hayan ajustado sus expectativas a eso para obtener resultados similares a un precio notablemente más bajo. En ese sentido la Argentina de Milei es un caso único: no solamente fue el primer experimento exitoso de la doctrina Donroe sino que además, le salió gratis, o más aún, le dejó ganancias, tal como celebró el secretario del Tesoro Scott Bessent esta semana, tras dar por cerrado el swap.
Les pagamos para que intervengan en nuestras elecciones, para darle un triunfo improbable al oficialismo, para sostener a un gobierno que se caía a pedazos, y a través suyo, a una política de entrega meticulosa y dedicada como nunca antes en la historia. Un tributo al Imperio para convertirnos en su protectorado periférico. Pero la periferia en un imperio es siempre instrumental, nunca un fin en sí mismo. Los ciudadanos de la periferia tienen menos derechos y garantías y peores condiciones de vida que los de la metrópoli. No somos, como Nación, más que una pieza de una máquina al beneficio de otros. Que en este caso, además, está yendo a la guerra.
El miércoles la Policía Migratoria mató a una mujer en Minnesota mientras participaba en una protesta. Se paró enfrente del auto que ella manejaba y le disparó tres veces en la cabeza. Un día más tarde, en Oregon, agentes federales le dispararon a otras dos personas. Trump amenaza con intervenir militarmente los estados gobernados por opositores. Eso nos da indicios de lo que podemos esperar en la Argentina para mantener en pie al protectorado, cuando entramos en el tercer año consecutivo de ajuste y destrucción de la economía. Milei ya demostró que está dispuesto a ordenar a sus fuerzas que disparen contra otros argentinos.
5.
Puede ser un cliché citar 1984, la gran novela distópica de George Orwell que nos legó, entre muchas cosas, el bastardeado concepto de Gran Hermano. En esa novela gobierna un régimen totalitario que controla cada detalle de la vida de los ciudadanos. En su momento más álgido, Orwell escribe: “El partido te ordenó rechazar la evidencia de tus ojos y oídos. Era su mandato final. El más esencial”. En el caso del asesinato de Renee Good, la mujer fusilada por ICE en Minnesota, esa frase resuena con sobrecogedora actualidad: hay videos y testigos presenciales que dan cuenta de lo que sucedió pero el partido ordena rechazar esa evidencia.
Trump calificó a la víctima como “agitadora profesional” y dijo que la vida del policía agresor corría peligro (se fue por sus propios medios de la escena) mientras que el vicepresidente, JD Vance, y la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, hablaron de “terrorismo doméstico”. Vance, además, aseguró que todos los agentes federales que despliega el gobierno con la excusa de luchar contra la inmigración ilegal tienen completa inmunidad y no pueden ser cuestionados o interrumpidos por ninguna autoridad local. Es un discurso demasiado similar al que despliegan aquí Milei y Patricia Bullrich, por caso, para defender la represión indiscriminada.
Milei también practica la negación orwelliana. En los últimos días hubo varias muestras, como cuando el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, habló de “el cuento este de que los bancos nos iban a prestar 20 mil millones de dólares”, en referencia a un anuncio que él mismo había hecho y nunca se cumplió. Después del secuestro de Maduro, el gobierno argentino pidió que asumiera Edmundo González Urrutia, ganador de los comicios de 2024. Hubo un documento de cancillería, un tuit del canciller y hasta declaraciones on the record del presidente. Más tarde, cuando Trump respaldó a Delcy, salieron a aclarar que nunca habían dicho lo que dijeron.
6.
Esta semana se cumplieron cinco años del intento de golpe de Estado de Trump, algo sobre lo que se habla poco, sobre todo entre quienes justifican la intervención en Venezuela a partir del poco apego de Maduro a la institucionalidad. Recordemos que Trump negó durante cuatro años cualquier vínculo con el asalto al Capitolio y en el primer día de su segundo mandato indultó a 1600 condenados por ese acto de violencia. El día del aniversario la Casa Blanca publicó una web con una versión de los hechos que desafía todo lo que vieron nuestros ojos y escucharon nuestros oídos: que Joe Biden hizo fraude y la policía atacó a los pacíficos manifestantes.
Al día siguiente, la cuenta oficial del Departamento de Trabajo publicó un post con la leyenda “El patriotismo triunfará. Estados Unidos primero. Siempre” y una imagen de la bandera con trece estrellas en círculo, un símbolo que usan los supremacistas que asaltaron el Capitolio. Un día más tarde la misma cuenta publicó una imagen con la frase “Confía en el plan. Confía en Trump”, en referencia directa a QAnon, la cultura marginal conspirativa que creció en los foros online durante el primer mandato del presidente y el 6 de enero de 2021, en DC, tuvo su bautismo de fuego en las calles. Casi como si estuvieran queriendo activar nuevamente esas células.
Otra cosa que había ese día entre los asaltantes eran muchos nazis, de esos que usan esvástica o remeras con frases como “Camp Auschwitz”, sin embargo recién ahora muchos se desayunan con la noticia y otros aún no superan la negación. En pocos días va a cumplirse un año desde que Elon Musk celebró la asunción del presidente norteamericano haciendo el Sieg Heil. Desde entonces, no sólo no pagó costos por eso sino que su fortuna se triplicó y hoy es el hombre más rico de la historia. Todavía hay quienes sostienen que Musk, nieto de nazis, hijo de nazis, que hizo un saludo nazi en público y financia partidos nazis, en realidad no es nazi.
Él ya ni siquiera intenta disimularlo. Esta semana en su cuenta de X compartió el siguiente mensaje: “Si los hombres blancos se convierten en minoría seremos masacrados. Recuerden: si quienes no son blancos odian abiertamente a los hombres blancos mientras estos constituyen una mayoría colectiva, serán mil veces más hostiles y crueles cuando sean mayoría sobre los blancos. La solidaridad blanca es la única forma de sobrevivir”. Eso son y así piensan los hombres más poderosos del mundo, mientras baten tambores de Guerra, con G mayúscula.
