La carne volvió a presionar en la inflación, al menos en el rubro alimentos, con un alza promedio para los cortes vacunos de 10,6 por ciento. El ministro de Economía, Luis Caputo, había asegurado que la suba de precios en enero y febrero se debía a una cuestión puntual de la carne, con aumentos mensuales promedio del 7,5 por ciento, pero adelantaba que eso fue un mero reacomodamiento de precios por el atraso que llevaba de meses previos. Sin embargo, en marzo, por tercer mes consecutivo, los precios registraron una aceleración que se trasladó a los mostradores con subas de dos dígitos y que, por su peso en la canasta de consumo, anticipan una presión significativa sobre el índice de precios al consumidor (IPC) que se difundirá el martes de la semana próxima.
Un relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) informó que los precios de los distintos cortes de carne vacuna registraron una variación del 10,6 por ciento en marzo con respecto al mes anterior. “Y un 68,6 por ciento durante el último año”, señala el informe elaborado a partir de más de 30.000 precios semanales relevados en AMBA, Córdoba y Rosario. El precio del pollo fresco subió 10,9 por ciento en marzo con respecto a febrero y un 49,1 por ciento durante el último año, mientras que el precio del pechito de cerdo tuvo una variación del 6,3 por ciento con relación al mes anterior y un 28,1 por ciento frente a marzo del año pasado.
Los cortes más caros
Dentro de la carne vacuna, el incremento fue heterogéneo pero con mayor intensidad en los cortes más populares, lo que pega con mayor fuerza en los sectores de menores ingresos. El propio IPCVA señala que “las principales alzas en precios promedio durante el mes de marzo se dieron en la picada común (20,4 por ciento), la carnaza común (17,7 por ciento) y la falda (13,4 por ciento)”. Se trata de cortes de alto consumo en los hogares, lo que amplifica su incidencia en el índice general.
En el otro extremo, los cortes de mayor valor mostraron incrementos más moderados: el lomo (8,5 por ciento), el matambre (7,6 por ciento); y el peceto y picada especial (9,3 por ciento). La dinámica refuerza un patrón recurrente: las subas más intensas se concentran en los productos que funcionan como referencia para el consumo cotidiano. El traslado de los aumentos también presentó diferencias según el canal de venta.
“Los precios variaron un 12,2 por ciento con respecto al mes anterior en las carnicerías y un 7,1 por ciento en supermercados”, indica el documento del IPCVA. Esa brecha se traduce en diferencias concretas en el poder de compra: “Con un kilo de carne promedio de supermercado se compra 0,92 kilos de carne promedio en las carnicerías”. El comportamiento de los precios de la carne vacuna durante marzo presentaron subas en las siguientes zonas del AMBA relevadas: Sur de GBA, 12,5 por ciento; Capital Federal, 9,5 por ciento; Norte de GBA, 11,1 por ciento y Oeste de GBA, 9,8 por ciento”. Las diferencias responden a factores de costos, logística y perfil de consumo, pero convergen en una tendencia común de aumentos sostenidos.
Por barrio y anticipado
En los puntos de venta que atienden en barrios de nivel socioeconómico alto, los precios de la carne vacuna variaron un 9,6 por ciento. En los medios, del 11,4 por ciento. Y los que atienden al nivel socioeconómico bajo, los precios subieron un 9,8 por ciento.
“La carne de novillito mostró variaciones en sus precios del 9,4 por ciento, la carne de novillo 12,8 por ciento, la carne de vaquillona y ternera 12,7 por ciento”, según el documento del IPCVA. En promedio, “el precio de la categoría liviana de consumo minorista tuvo un aumento del 10,4 por ciento comparándolo con el precio del mes anterior”. La transmisión desde la hacienda al mostrador explica la dinámica ascendente de la inflación en alimentos, que en lo que va del año viene siendo traccionada por carne, lácteos y aceites.
El aumento de los precios también llegó a la media res, en un mercado desregulado y dolarizado. “El precio de la media res en esta plaza relevada muestra una variación del 13,3 por ciento con respecto al mes anterior y del 71,7 por ciento versus marzo 2025”. Este dato funciona como un indicador adelantado de la evolución minorista, ya que impacta directamente en los costos de las carnicerías.
En paralelo, se observan diferencias puntuales entre supermercados y carnicerías según el corte. “Actualmente, cortes como el lomo y la colita de cuadril tienen un precio superior en supermercados. En cambio el asado, el peceto, la falda, la picada común y la carnaza común son más económicos en las grandes superficies”, señala la entidad. La dispersión de precios convive con una tendencia general de aumento, lo que descarta la teoría oficial de un reacomodamiento de precios relativos.
En términos de poder de compra, el informe ofrece un comparativo con las relaciones de intercambio entre productos. “En el segundo mes del año se pudo comprar en promedio de 3,86 kilos de pollo con 1 kilo de asado. En promedio, durante los tres primeros meses del año, el poder de compra de un kilo del asado fue de 3,92 kilos de pollo fresco. Un 22,8 por ciento más que en el mismo período del 2025”. En el caso del cerdo, “en el mes de marzo se compraron 2,08 kilos de pechito de cerdo con un kilo de asado”.
